A cocachos aprendí...

jueves, 27 de marzo de 2008.

De la Posesión en el Amor:

Hace unos días escribí en ésta, mi almohada virtual, la manera en cómo PERSONALMENTE, siento mía a la persona que amo. (OJO: Siento mía, más NO es mía, o sea, no me pertenece, ella no es ni un objeto que compré ni una cosa que me regalaron, no le he puesto una etiqueta con mi nombre... ni siquiera cada uno de nosotros es dueño de sí mismo!)
Los sentimientos que ella me produce son lo único que puedo decir que sí son míos, porque nacen y viven dentro de mí. Sé que hay una canción que me citaron, de Alberto Cortés - como de muchos otros - donde menciona la posesión de la otra persona en el amor. Creo que cada quien tiene su manera de amar.
En mi opinión personal, ese pedacito de la canción de Cortés me parece algo egoísta pues limita y encierra al ser amado, lo pone como enjaulado y siempre he creído que el amor es sinónimo de libertad, pero de la mano del respeto! Para llegar a esa verdadera libertad y respeto, existen los acuerdos entre dos. Acuerdos que se hacen porque se quieren hacer, así al libre albedrío, sin presión ni obligación, por decisión de cada uno y sin el temeroso condicionante: "yo te amo si tú me amas" (he aquí otras canciones que mencionan al amor como trueque, en vez de posesión).
A mi parecer, y creo que tengo el apoyo del autor de Amar o Depender, Walter Riso: Una pareja que se ama no es un híbrido de dos humanos, son DOS personas, o sea, dos individuos con algo muy fuerte en comùn, que decidieron compartir sus vidas con acuerdos mutuos para llevarlo a cabo lo mejor posible.
La libertad en el amor, es a tal punto que cuando ya no se quieren seguir dichos acuerdos tomados en el principio y transcurso de la relación, ambas personas, se sientan y lo hablan. De nada sirve que una persona quiera seguir dicho acuerdo y la otra no.
A la fuerza ni los zapatos caben.


Del temor a que se acabe el Amor:

Dice parte de la canción de un boricua: "Nadie es eterno en el mundo".. y yo digo que "nadie" ni "nada". Pero es lo que la mayoría quisiéramos: que todo fuera perpetuo, que todo fuera para siempre!
Nos gustaría que fuésemos humanos inmortales, que el coche nuevo, siempre sea nuevo; que el pastel que nos gusta, nos durara para siempre, que la fiesta nunca se acabara, que mamá o papá no se nos murieran nunca, que la pareja siempre nos quisiera como la primera vez....de toda esta brevísima lista, solo lo tangible como el pastel o el coche tal vez, es lo que medianamente podemos saber, tocar y ver cuándo se podría acabar, del resto: la vida, los sentimientos, los anhelos, no! ojalá y fuéramos pitonisos para adivinar. Y eso asusta. Más aún si ya antes nos llevaron a lo más alto y sublime o tal vez lo teníamos seguro, como por ejemplo, del amor; y luego por algún inesperado e inexplicable motivo nos bajaron de la nube de un zopetón o cruelmente poco a poco, o nos hicieron sentir engañados, usados... en otras palabras, decepcionados. Entonces nos queda esa sensación de temor, desconfianza, precaución y en el peor de los casos, de amargura... o de una amarga soledad (lo digo con muchísima propiedad porque yo ya lo he pasado).
Y llega el punto en que no nos queremos dar otra oportunidad en que nos vuelva a tocar ese sentimiento en el cual creímos y del cual ahora se duda.
El miedo puede más, el rencor puede más, la falta de perdón puede más, la falta de agallas para cerrar el capítulo anterior puede más. Y nos quedamos anclados con los ilusos e inútiles "si hubiera..." o los poco probables "si pudiera..." de lo que fue (pasado), y cuidándonos de los dudosos y poco intuitivos "y si..." de lo que puede ser (futuro) sin siquiera mirar lo que verdaderamente tenemos, lo que podemos o hacemos ahora (presente), viviendo en un temerosísimo estancamiento, o con un pie adelante y el otro listo para retroceder corriendo, viendo cómo pasan los días y las oportunidades cual ermitaños sentimentales. Porque eso sí, el mundo ni se detiene, ni se medio asoma por nosotros, solo nos pasa de largo, mientras a veces ni lo vemos pasar.
El amor aunque puede nacer en una sola persona, cuando se le permite trata de vivir entre dos. El cuidado que se le dé dependerá de ambos interesados en que éste crezca. La duración de este sentimiento es asunto de dos y con todo y eso, nada es garantizado de por vida... pero vale la pena arriesgarse a vivirlo!
Así como cada quien cuida su propia vida y hace lo mejor por sí mismo y le ruega a Dios que le deje vivir muchísimos años en bienestar, de esa misma manera con el anhelo de querer muchas cosas y a la vez incertidumbre de la voluntad de Dios, es lo que espera cada uno del amor, mucho más del que siente uno mismo por la otra persona.

5 Cromosomas liberados:

Nelson dijo...

MI entrañable y nunca olvidada amiga.

Tal como dices en tu escrito, yo asiduo a tus líneas y palabras , muchas veces novelistas, cual serie emocionante e historias de amor de las que dejan un suspiro, una sonrisa o una lagrima con aque sonar de melodias y cds por regalar y quemar a alguna pretendiente; te puedo decir que mientras exista el recuerdo bonito de lo vivido, siempre se tendrá al amor y todas las personas que lo protagonizaron alguna vez en vivos en nuestros corazones.

Alimenta esos bellos recuerdos, nunca los dejes atras ya que ellos alimentan las bonitas cosas que te suele dar a vida.

QDTB,

Nelson

Otra vez a viajar al olvido... dijo...

te algo mas que agregar en tu curriculum; QUE LINDA QUE SOS!

Lycette Scott dijo...

yo creo que el amor implica cierta posesión pero también cierta libertad, hay que saber dejar espacio al otro para amarlo como es debido.
Un abrazo

Laiya dijo...

La libertad es esencial para la vida, y el amar conlleva una serie de sentimientos pero por encima de todo y lo que nunca tiene que faltar es una relacion libre y con amor.

No Secrets dijo...

Es inevitable una pequeña dosis de posesión cuando se ama... porque deseamos ser prioritarios para nuestra persona amada, tanto como ella lo es para nosotros... Pero sin duda no hay amor que dure sino hay libertad de ser...

 
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